martes, 12 de mayo de 2009
A veces, teniéndote entre mis brazos, quisiera decirte que te quiero, mas las palabras se ahogan entre ellas, sin yo quererlo. Te miro, y creo ver en tus ojos algo que me anima y me pide aquello que quisiera decirte, mas nunca encuentro el modo. A veces, y es con frecuencia, desatas en mí deseos sin igual, mas yo no sé si darles rienda suelta o como hago, disimular... Me haces falta... ¡no sabes cuánto! pues eso ni yo mismo lo sé... estoy por tí esclavizado. Te necesito... siento que eres tú quien puede salvarme dándome una luz que seguir sin preguntarme. Te adoro... como si fueras un Dios al que debiera mi existencia; como si andara mi corazón tan sólo por tu presencia. Te quiero... porque, ¿cómo no has de querer a quien apaga tu sed y te da un motivo para vivir?
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